Milagro en la telaraña: Un nuevo aniversario de Charlotte’s Web de E.B. White

Celebramos los 67 años de la publicación de este clásico de la literatura infantil anglosajona.

   Milagro en la telaraña:

Un nuevo aniversario de 

Charlotte’s Web de E.B. White.

 

Pasé mis primeros años de vida en Canadá. Mis padres habían emigrado para estudiar, y yo simplemente aparecí. Cuando regresaba a nuestro pequeño departamento después de la guardería, el panorama inevitable era sentarme a ver algún programa en la televisión mientras mis papás se movían de un lado para otro en la cocina. Así conocí algunas joyas del entretenimiento hechas para los niños en Norteamérica: Plaza Sésamo, La vecindad del señor Rogers, La tierra antes del tiempo, una que otra producción de Disney.

Extrañamente, la película que más recuerdo es la adaptación animada de Charlotte’s web. Algo de aquella película resonaba en mi cabeza de niña y me causaba emociones que no entendía del todo. Tendrían que pasar muchos años antes de que, libro en mano, todas esas sensaciones tuviesen sentido.

Charlotte’s Web – conocida en el mundo hispanohablante como La telaraña de Carlota – cuenta la historia de Wilbur, un cerdito cuyo destino parece ser burlar constantemente a la muerte. Considerado al nacer demasiado débil para sobrevivir, se salva del hacha del granjero cuando es rescatado por su pequeña hija Fern. Con sus cuidados, Wilbur crece y es posteriormente vendido a otro granjero que planea prepararlo para la cena, pero nuevamente se salva gracias a la araña Charlotte, quien urde un plan maestro y con quien traba una hermosa amistad.

E.B. White no era un desconocido en el área de la literatura infantil cuando escribió Charlotte’s Web. Hacía menos de una década había publicado Stuart Little, también considerado un clásico de la literatura anglosajona para niños. En 1951, una vez acabado el primer borrador de la nueva novela, dejó que pasara un año entero antes de decidirse a revisarla y publicarla. Si bien su prosa es fluida y parece escrita casi sin esfuerzo, lo cierto es que White luchaba permanentemente con su inseguridad al escribir: había sido un introvertido acérrimo toda su vida, y pese a tener amistades largas y duraderas con editores y otros escritores, prefería la compañía de animales por sobre todas las cosas. No es de extrañar, entonces, que su inspiración para esta historia haya salido directamente de lo que pudo observar en su granja en Maine: el cambio de las estaciones, el apacible pasar del tiempo en el campo, los milagros del ciclo de la vida.

Con el fin de transmitir esta visión, White unió fuerzas con el ilustrador Garth Williams, con quien ya había trabajado anteriormente en Stuart Little. Williams, quien llegaría a ser uno de los artistas de libros infantiles más prolíficos de Estados Unidos, ilustró Charlotte’s web con su estilo característico: un trazo detallado que enfatiza las texturas del pelaje de los animales, y cuyo realismo ayuda a crear el efecto nostálgico que complementa el texto de White a la perfección.

Charlotte’s Web no es solamente una novela acerca de los lazos inquebrantables de la verdadera amistad: en el corazón de su historia yace la dolorosa realidad de la finitud de la vida, el duelo de aquellos que se quedan, y el consuelo que los dolientes encuentran en el legado de quienes se han ido.

“Al fin y al cabo ¿qué es una vida?”, le dice Charlotte a Wilbur poco antes de desaparecer. “Nacemos, vivimos un tiempo y después morimos. La vida de una araña no puede dejar de ser insignificante, con todas sus trampas y comiendo moscas. Al ayudarte quizá trataba de elevar mi vida un tanto. El cielo sabe que cualquiera puede hacer lo mismo con su existencia”.

Quizás, sentada frente al televisor con menos de cinco años y a miles de kilómetros de este país, no entendí del todo la importancia del mensaje que la historia de Wilbur me estaba transmitiendo. Muchísimos años después comprendí que Charlotte’s web fue uno de los primeros acercamientos que tuve a la comprensión del ciclo de la vida y la muerte. Indudablemente tampoco fui la única, pues la novela ha vendido millones de copias alrededor del mundo y ha sido traducida a más de veinte idiomas.

A 67 años de su publicación la telaraña de Charlotte aún se teje, convertida en un clásico que le habla a cada nueva generación y que merece ser apreciada por niños y adultos.

Por Magdalena Quiñones

 

 


Nombre:
La telaraña de Carlota
Autor: E.B. White
Ilustrador: Garth Williams
N.º de páginas: 200
Editorial: Planetalector
Precio referencia:  $7.900
Edad recomendada: A partir de 8 años

 

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