Armin Greder

 Hoy destacamos a Armin Greder,  autor de las sobrecogedoras obras “La isla” y “La ciudad”.

          Nació en Suiza en 1942, y vivió en Australia por cerca de 20 años. No tiene sitio web ni presencia en redes sociales, pero ha recibido numerosos reconocimientos como el Bologna Ragazzi Award (1996) y la nominación para el prestigioso premio Hans Christian Andersen el año 2004.

Lamentablemente, muchas de sus obras no están aún disponibles en español, pero podemos contar con dos de ellas La isla y La ciudad que han sido traducidas y bellamente editadas por Lóquez Ediciones y Editorial Océano Travesía.

.            En términos visuales, las imágenes de ambas obras son potentes, sobrecogedoras, perturbadoras, y están en constante tensión irónica con el texto. Están al servicio de la expresión y no de los detalles: una paleta de grises, negros, sepias, y algún toque ocasional de colores apagados; dibujos en carboncillo y pastel que son casi bocetos, pero en que la exacerbación de los gestos, las muecas, y la distorsión de las formas llegan hasta lo grotesco. Son figuras crudas y macabras en las que late bellamente el miedo, el odio, la indefensión, la crueldad.

.            En ambas obras de Greder encontramos ecos y citas que nos remiten a los monstruos del romanticismo, al estilo festivo y carnavalesco de Touluse-Lautrec, y ciertamente al expresionismo de Munch, con su mirada trágica de la vida y el ser humano. Pero sobre todo en ambas encontramos el miedo al otro, el miedo a la diferencia.

Así que lo acogieron

          La isla relata con gran ironía la historia de un hombre que un día recala en sus costas en una balsa. Los habitantes de la isla desean devolverlo al mar, pero el pescador se apiada de él y deciden acogerlo. Todos ellos son seres anónimos, una masa aterradora y cruel cuya bienvenida es sorprendente: lo encierran en un establo y lo olvidan, hasta que él mismo ruega por comida. Finalmente, después de esclavizarlo y demonizarlo, deciden embarcarlo en la balsa y abandonarlo a su suerte en el mar, para luego construir una fortaleza que impida la llegada de más extraños a la isla.

Como una parábola sobre la madre y el crecimiento define Armin Greder su álbum La ciudad. La obra retrata la historia de una viuda que huye de una gran urbe en guerra para proteger a su hijo de las cosas terribles que ocurren en la vida. Un lugar lejos de sembradíos puentes y caminos, es el que escoge la madre para construir su casa y criarlo en la más absoluta soledad y aislamiento. Solamente una vez, la presencia de viajeros extraviados perturba la tranquilidad de su existencia y filtra en el niño el deseo de conocer la ciudad, deseo que es rápidamente sofocado por un abrazo.

Un día la madre muere y el hijo queda en la más profunda orfandad. El frío termina por hacerlo salir de la casa, y lo hace cargando un bulto con los restos de la madre que le pesa y hace arduo su deambular. Cada vez que cree encontrar un lugar apropiado para enterrarlos, los huesos esgrimen argumentos para evitar que lo haga. Una noche, un grito cavernoso escapa de los huesos. El niño deja caer el bulto asustado, y de pronto se siente ligero. Al amanecer, decide enterrar los huesos y marcharse a la ciudad.

          La ciudad es la historia de una relación donde el amor de la madre, a fuerza de sobreprotección y desconfianza, se transforma en un lastre para el hijo, incluso más allá de la muerte. Los otros, simbolizados en los viajeros y los habitantes de la ciudad, representan a la vez una amenaza y una salvación.

Greder enfrenta al lector a un relato duro donde el ciclo de la vida, el crecimiento y la muerte pone en entredicho los límites del amor filial, la necesidad de vivir con otros y el deber paterno de promover la autonomía de las criaturas que se traen al mundo sin su consentimiento.

 

One thought on “Armin Greder

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