Slide RESEÑAS Alfredo Fredericksen Neira

Caperucita Roja (2011) es un interesantísimo libro-álbum silente del ilustrador español Adolfo Serra, artista versátil y de gran talento, que siembra sus sugerentes imágenes en la prensa, en la publicidad y en libros infantiles y juveniles.

 Esta versión de Caperucita Roja nace de su proyecto final para aprobar en la Escuela de ArteDiez de Madrid y será el paso determinante para su transición desde su rincón como publicista hacia el mundo de la ilustración y la literatura.

 Desde la portada ya apreciamos la potencia del lenguaje ilustrativo de Serra que, ante la ausencia de palabras, deja a sus trazos todo el protagonismo. En un fondo blanco, los árboles se disponen a lo lago de la portada y contraportada de manera dispersa, con distancia. Son árboles sin hojas, color negro con brillos azulados en sus troncos, reflejo de la nieve invisible. La orientación de estos da sensación de apertura, de grandeza, inclinados hacia la derecha en el lado derecho y hacia la izquierda en el lado izquierdo. En este escenario solitario y frío aparece tímidamente Caperucita, oculta tras un tronco, observando a una mariposa roja que vuela en el sentido opuesto.

Ilustraciones: Adolfo Serra.
Editorial: Nórdica, España.
Año de publicación: 2011

Abrimos el libro y las guardas forman una parte activa de la estructura narratológica. El ilustrador las funde al completo de un color rojo, a doble página. Crea así una atmosfera de misterio, de herida y sangre, contribuyendo a fijarnos en el detalle tanto de la pequeña Caperucita como de la mariposa roja que revolotea durante todo el álbum hasta que es engullida por el lobo. De esta forma, nos inclina a fijarnos perceptivamente en las pinceladas rojas de sus dibujos sobre la inmensa mayoría de tonos negros y blancos. El fondo de las páginas es en su mayoría blanco, convencionalmente entendido como el no fondo, representando así la nada, haciendo que el foco de atención se centre en la historia. Es cuando aparecen las sombras cuando este fondo deja de ser neutro, y adquiere el significado de un fondo nevado, de color blanco, la nieve. Fortalece esta idea con los matices añadidos de color azul a los troncos de los árboles, aportando una sensación de frialdad, de acercamiento entre Caperucita y el lobo. La excepción a ese fondo frío la encontramos en dos ilustraciones a doble página sobre negro, color que representa la oscuridad que, en este caso, es la oscuridad que vive la niña y su abuela dentro de las fauces del lobo. Respecto al encuadre de la imagen, destaca la ausencia de marcos (donde la ilustración ocupa toda el área de una página o una doble página) invitando al lector a formar parte de la composición.

En este relato visual, Caperucita Roja es reducida a un ser pequeñito y dulce, que inocentemente inicia su recorrido hacia la casa de la abuelita. Caperucita se distrae con una mariposa roja, insecto que a la vez constituye una metáfora que representa las intenciones del lobo hacia ella. El salvaje animal persigue a la mariposa, hace una danza de deseo con ella, la engaña, la acecha y finalmente la devora. El lobo no mata por hambre, sino por placer, y experimenta esa caza como baile y juego. Espera hasta el último momento para acabar con Caperucita. Así, esa mariposa es también una metáfora directa de Caperucita, de su niñez que se termina y la necesidad de jugar y explorar, hasta que ambas son finalmente engullidas.

La mariposa es además metáfora de la inocencia infantil y curiosidad de Caperucita, que de alguna forma se pierde al vivir esta aventura y enfrentarse al lobo. Todas las ilustraciones de este libro suponen una metáfora del miedo, la incertidumbre, la curiosidad, la inocencia y la lucha constante entre el bien y el mal.

Las connotaciones sexuales también están presentes en esta obra. Los símbolos alrededor del color rojo y la caperuza son sugerentes. La caperuza roja señala el paso a una edad adulta, de niña a mujer (o adolescente) o bien, podría estar relacionada con la menstruación y los depredadores sexuales que habitaban en bosques reales o simbólicos.  

No debemos olvidar que, en cierta forma, este cuento comenzó oralmente para alertar a las niñas y niños de los peligros de abandonar los caminos seguros. El bosque, como representación psicoanalítica del mundo de los adultos, es ese lugar de transición donde muchos protagonistas de los cuentos entran como niños y salen como adultos. Tal es el caso de Hansel y Gretel (1812). Complementariamente, el vello del lobo, que aquí representa el bosque, es otra de las connotaciones sexuales. Es tosco y duro, tal y como una niña podría percibir ese tacto. Son prácticamente, pinchos para ella. Estos árboles, estos vellos del cuerpo masculino, hirsutos y erizados, excitados, acechan durante toda la historia.

La amenaza constante de ser devorada podemos considerarla como el tema central del álbum. Caperucita lucha contra una presencia, el lobo, que se encuentra realmente presente en todas las ilustraciones: no está en el camino hacia la casita de la abuela, sino que es el camino. Sus patas, son a la vez los troncos de los árboles donde ella se escabulle. Sus dientes son también la escala que la llevará a ser devorada.

La estructura narrativa de este álbum se corresponde con el esquema tradicional de la narración formado por planteamiento, nudo y desenlace. En el planteamiento se expone una situación inicial en la que se interpreta un enigma: la casa de Caperucita ya está siendo acechada por el lobo, cuando todavía la niña no ha salido de su casa. Continúa con las diferentes etapas de la observación constante del lobo hacia Caperucita, mientras ésta se dirige hacia la casa de la abuela, hasta que son engullidas ambas por el lobo (nudo). Y, por último, como desenlace, observamos la vuelta a la vida de la niña y la abuela. Es una estructura lineal, la historia va avanzando de forma progresiva desde el inicio hasta el final. En este álbum, esta estructura es apoyada por el recorrido que hace Caperucita por el camino, siendo este representado por el cuerpo del lobo, desde la cola hasta el hocico.

 A modo de conclusión, habría que destacar que el ilustrador consigue una versión nueva de una historia tan conocida. Por una parte, vemos a un lobo que se lleva el protagonismo del relato, a diferencia del cuento clásico. Por otra, somos nosotros quienes tenemos que ponerle voz a un relato que no tiene texto y que está lleno de símbolos abiertos a su interpretación. Esto hace muy interesante la diversidad de lecturas que pueden hacer los niños (y no tan niños), ya que crea la necesidad de buscar las palabras, sin que haya una más correcta que otra, ampliando la posibilidad de imaginar y contar.