fbpx

Slide RESEÑAS Alfredo Fredericksen Neira

Ante todo, conviene destacar que a principios del siglo XX, la influencia mutua entre poetas y pintores alcanza proporciones sin precedentes. Se produce una reflexión conjunta sobre problemas estéticos. Esto origina nuevas prácticas artísticas que romperán con el arte de las décadas anteriores y abrirán nuevos caminos tanto en la pintura como en la literatura. Y el Surrealismo será un movimiento privilegiado en que poetas (Breton, Eluard, Desnos), pintores (Magritte, Arp, Max Ernst, Picasso), escultores (Duchamp, Picabia) y cineastas (Buñuel) hacen causa común para someter a discusión la totalidad de la cultura. Fundado por André Breton, el Surrealismo constituye uno de los grandes hitos en la historia de las ideas y del arte contemporáneo. Así, “lo que los futuros surrealistas reprocharán a dadá será su voluntad de mantener siempre una postura fija y de limitarse a una contestación juzgada como insuperable. La adhesión de los surrealistas habrácorrespondido a la necesidad de romper con la sociedad de la época; pero para ellos esa ruptura no debe ser más que una etapa preparatoria del descubrimiento de un mundo nuevo, que ya a principios de los años 20 presenta algunos elementos identificables: el automatismo, la actividad onírica y los juegos colectivos confieren al porvenir ese tinte de esperanza” (Durozoi y Lecherbonnier, 30).

Título: Descubriendo el mágico mundo de Dalí
Autor: María M. Jordá
Editorial: Océano Travesía
ISSBN: 9786074004113

Tomando todo esto en cuenta, habría que decir que a través de las páginas de este maravilloso libro-álbum se manifiesta una empresa de conocimiento, concretándose su método (automatismo psíquico puro), su finalidad lejana (la expresión del funcionamiento real del pensamiento) y sus postulados filosóficos: privilegio reconocido a algunas formas de asociaciones, al sueño y al despliegue de un pensamiento desligado de toda preocupación pragmática. Pero quizás una de las palabras clave de esta definición sea el adjetivo “real” calificando el funcionamiento del pensamiento destinado a ser revelado. Indica, en efecto, que todas las descripciones presentadas hasta hoy de este pensamiento eran “irreales”, enmascaraban la verdad.

Parte con una pequeña biografía de Salvador Dalí que nos saluda de la siguiente manera: “Soy Salvador Dalí i Doménech, el gran pintor. Todos me conocéis por mis pinturas y mi bigote. ¿Queréis saber qué hacía de pequeño y cómo llegué a ser un genio?. Leed con atención. Nací en Figueres, un pueblo de Cataluña, comunidad autónoma del noreste de España, la primavera de 1904. Tres años más tarde nacería mi hermana Anna María. Me llamaron Salvador igual que un hermano mío que había muerto un año antes de mi nacimiento. Me dieron sus juguetes y me vistieron con sus ropas. Todo esto me confundió un poco. Mi familia estaba solamente pendiente de mí, me mimaban y me consentían. Siempre tenía la necesidad de llamar la atención. A pesar de ser muy tímido hacía muchas travesuras, a menudo tiraba de los pelos a Anna María. Cuando no conseguí lo que quería simulaba ataques de los interminables y hacía unas rabietas tan espectaculares que mi padre no se atrevía a reprenderme. Tengo de deciros que crecía un poco malcriado” (2).
Este hermoso libro-álbum, contado en un narrador en primera persona protagonista y en donde predomina el color amarillo, logra captar la esencia del Surrealismo. Es decir, como a la razón demasiado estrecha y restrictiva se opondrán formas del pensamiento que ella misma desprecia: la imaginación, en primer lugar, que no cesa de rebasar la zona asumida por la razón, pero que de momento solo se admite en el niño pues el paso a la edad adulta significa precisamente la sumisión al utilitarismo. También cómo la sensibilidad debe reivindicar sus derechos pues solo ella puede proporcionar de nuevo cierto interés a la existencia y lo que por éste se entiende, porque los surrealistas defienden lo inconsciente y lo imaginario, el sueño y la locura, en contra de lo razonable y del mundo real. Buscan conseguir, más allá de la pintura y la escritura, salvar al ser humano, ayudarle a reconquistar un equilibrio cada vez más amenazado. Y así, hay que volver a satisfacer la sed de lo maravilloso: abrir mundos diferentes y demostrar que el actual que tenemos no es el único posible. “Arremeter contra la razón, tal como suele definirse, equivale por consiguiente a poner en peligro la totalidad del orden social”. (Durozoi y Lecherbonnier, 83-84): he ahí la consigna.
De aquí que se instale la necesidad de romper con todo lo que existe es la mínima manifestación de un espíritu que no quiere renunciar a sus posibilidades para doblegarse a las exigencias de lo “real” (o de lo normal o de lo moral, o de lo conveniente, etc.), tal como se ha determinado históricamente, es decir de un espíritu que reivindica su libertad radical, libertad que al faltarle le deja en una situación domesticada. Además, era importante el rechazo a la aproximación figurativa a la realidad. Se adopta el collage, de la perspectiva simultánea para dar una dimensión nueva a la obra literaria. Con los surrealistas, el arte, la literatura, ya no será imitación ni reproducción de la realidad, sino siempre creación. Los surrealistas buscan sobrepasar lo real, provocar la casualidad, la sorpresa y la extrañeza y liberar al pensamiento y la imagen surrealista nacía de la yuxtaposición casual de dos realidades diferentes, dependiendo de su belleza de la chispa que salta de este encuentro (cuanto más diferentes sean los dos componentes de la imagen más brillante será la chispa). Se deslumbraban con la tecnología, con experiencias de la vida moderna: velocidad, automóvil, las máquinas, había confianza en el futuro y en el progreso y los surrealistas siempre se habían opuesto a los discursos especializados. De modo que prevalece, por lo tanto, en primer lugar la condena de una literatura separada de la vida, limitada a la mera finalidad del goce estético, y de las distinciones entre novela, poema, cuenta, memorias, etc.

Cabe señalar que el libro-álbum es sumamente didáctico, porque en su página izquierda suele mostrarnos un cuadro de Salvador Dalí y, en la derecha, añade una sección titulada “AHORA OBSERVA Y BUSCA” —la cual, por cierto, incluye las respuestas ahí mismo— y que, a mi modo de ver, nos insta a interactuar más con la imagen. Además, añade en un pequeño apartado la sección “CURIOSIDADES” que despierta poderosamente la atención, porque permite ir relacionando todo lo anterior en una especie de continuum.

 

Así, todo el libro-álbum el escrito surrealista se caracteriza por una “confusión de géneros” mantenida sistemáticamente: teoría, descripciones, reflexiones personales, lirismo, etc. Se mezclan en el texto que, además, se halla en contacto directo con la vida de su autor.

Surrealistas progresivamente van a oponer, a la ambiciosa violencia destructiva de Dadá, la exploración sistemática del inconsciente y del lenguaje como instrumento de revelación del inconsciente. Todos los medios deben servir para arruinar las ideas de familia, de patria, de religión (Bretón, Segundo Manifiesto). Los cuadros, en tanto imágenes que se hacen presentes en este libro-álbum, según Cecilia Silva-Díaz, permiten dar cuenta de: 1) la creación de un mundo ficcional, donde “las narraciones creadas a través de texto escrito e imágenes, estas últimas son muy potentes a la hora de darle forma al mundo ficcional pues a través de ellas percibimos el ambiente, le colocamos rostro a los personajes, nos asomamos a un escenario desde un punto de vista, e incluso podemos identificar el registro
de la narración” (26) y 2) de cómo la imagen cuenta la historia que se desarrollará en la página siguiente, porque “las imágenes secuenciadas en el álbum, dotadas de temporalidad, tienen capacidad de contar la historia junto al texto escrito” (27).
Finalmente —y recomendando este libro-álbum a nuestros lectores/as —, habría que decir que para los surrealistas el lenguaje es algo más que un medio de comunicación, una mediación inerte entre interlocutores: posee su propia vida, su modo particular de existencia, independientemente del empleo al que esté destinado. Las afinidades secretas, según las cuales organizarán sus discursos, no son quizás más que el reflejo de nuestros deseos y de nuestras tendencias más hondas, las que reconocen en la imagen poética una necesidad misteriosa, por cuanto ni siquiera ofrecen el menor grado de premeditación. El poeta auténtico es el insumiso por excelencia, solo puede vivir en lucha contra todos los órdenes establecidos y el sueño aparece para los surrealistas como una de las prácticas más
eficaces a la hora de situar un discurso que nada tiene que ver con las exigencias de la lógica y del mundo de la razón. Además, el inconsciente se expresa de manera libre y en función de las pulsiones del deseo y se busca conseguir transcripción simultánea del sueño. Habría que buscar en el sueño la clave del comportamiento consciente. Más allá de la razón consciente, existiría pues, otra razón, incomparablemente más vasta, que tendría el poder de transgredir los límites ordinarios de la acción humana y, en donde, se busca expresar su inconsciente a través de un lenguaje liberado de todo control, entregado a asociaciones
insólitas e improvisadas, carente de una lógica racional. Hay un sueño de Desnos publicado en “Litterature” (1916) donde se señala lo siguiente: “Me he transformado en cifra. Caigo en un pozo que es al mismo tiempo una cuartilla de papel, pasando de una ecuación a otra con la desesperación de alejarme cada vez más de la luz del sol y de un paisaje que es el castillo de Ferrieres visto desde la vía del ferrocarril del Este” y es que habrían vías de acceso a otro tipo de universo cuyo lenguaje se compone fundamentalmente de imágenes: sueños, estado hipnótico, resultados de escritura automática, asociación libre, etc.

Referencias Bibliográficas

DUROZOI G.-LECHERBONNIER B. El Surrealismo. Madrid: Guadarrama S.A.
Ediciones, 1974, 307 p.
Silva-Díaz, Cecilia. “La función de la imagen en el álbum”. 7 de marzo de 2020 WEB.