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Slide RESEÑAS Verónica Uribe

Este es un inmenso álbum ilustrado, tal como el mastodonte que aparece en el título y que protagoniza la historia. Un libro que se abre, no de derecha a izquierda, como es lo habitual, sino de abajo hacia arriba. Las ilustraciones sangradas y el formato apaisado, permite que veamos -en varias páginas- al mastodonte completo y también los escenarios donde deambula, ilustrados meticulosamente. Vemos las diferentes habitaciones de la casa de este pequeño niño que habla directamente al lector para contarle cuán difícil es domesticar a un mastodonte. No sabemos por qué está este mastodonte en casa del niño, la historia no se hace cargo de darnos alguna explicación. El problema es otro: cómo lograr que obedezca.

 

Autora: Micaela Chirif
Ilustraciones: Issa Watanabe
Editorial: Fondo de Cultura Económica
Año de publicación: 2011

El libro está dividido en tres episodios.

  1. Presentación del problema, el mastodonte desobediente:

El niño, dedo en alto, ordena al mastodonte lo que los adultos suelen pedir a los niños: “Tiende la cama”, “Haz la tarea”, “Báñate”, “Prepara el desayuno”. Y el mastodonte contesta como suelen contestar los niños “¡NO!”.

  1. El mastodonte obedece.

Cuando el niño amenaza al animal: “Más te vale, mastodonte”, éste comienza a hacer todo lo que se le pide, pero creando un gran desbarajuste por toda la casa.

  1. Desenlace:

El niño está agotado y el mastodonte comienza a acunarlo en su trompa, lo tapa con una manta y el niño murmura adormilado, que a pesar de lo difícil que es domesticar a un mastodonte, “mas te quiero, mastodonte”.

La primera parte es la más lograda y graciosa. Nos sorprendemos de este mastodonte en casa de un niño y su empeño por domesticarlo, resulta cómico el rol de adulto que asume el niño y las reiteradas respuestas del mastodonte.

La segunda parte no logra el efecto de la primera y el desenlace con la declaración de amor y amistad del niño tuerce el rumbo de la historia hacia un plano sentimental. La historia juega muy bien con un humor absurdo, hay una muy buena relación entre las imágenes que en momentos adoptan una función narrativa.

Muy interesante el trabajo de la ilustradora, collages, texturas, fotografías de antiguos afiches, un guiño a Janosch, elementos que acentúan la idea de estar jugando “a las casitas”, en una casa de muñecas a la que se le van “pegando” muebles, cocina, macetero.  Muy expresivo el personaje del niño, aunque abusa de la posición de perfil. El mastodonte es creado a partir de texturas de madera que resulta atractivo y querible.

El tamaño y formato “mastodónico” del libro es una metáfora simpática, pero resulta algo incómodo de manipular.

En resumen, es un trabajo minucioso de ilustración, tiene una buena relación imagen – texto, en la que, a partir de un texto muy breve y enunciativo, sin adjetivos, las imágenes desarrollan escenarios detallados, refuerzan el sentido de las situaciones y narran.